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De liderar en una Startup de San Francisco a limpiar casas en Berlin



O cómo combatir el overthinking cuando te enfrentas a la libertad. Hace 10 años que tengo la suerte de trabajar de lo que me gusta. Soy diseñador y siempre me interesé en la tecnología. Tuve algunos hitos en mi carrera como también caídas.


En los últimos años, me sentí especialmente incómodo cuando las circunstancias de mi rol no me permitían ser creativo. Notaba que algo andaba mal pero me resultaba casi imposible reconocer precisamente la razón. Me culpaba a mi, culpaba a los demás, culpaba a la oficina, culpaba a mi sueldo y hasta cuestionaba mi profesión.

Hoy, analizando en retrospectiva y siendo desempleado por decisión propia hace más de 3 meses, puedo poner mi vida en perspectiva y ver las cosas con mayor claridad.

Hoy llego a la conclusión de que la única trampa es, fue y será siempre la misma:

Mi propia mente.

Mi mente convenciéndome de que no había nada que cuestionar.

Mi mente tendiéndome trampas de que tenía que encajar y aceptar que lo que le funcionaba a los demás también debería funcionarme a mí.

¿Por qué cuestionaría mi progreso en el marco de mi carrera profesional? ¿Por qué cuestionaría la fórmula del éxito que casi todo el mundo persigue?

Me auto-convencía y me enfocaba en disfrutar de mi vida comprando cosas, comprando experiencias, compartiendo momentos con amigos hasta que llegara el momento de volver a la oficina para que mi humor se derrumbara nuevamente.

Me sentía atrapado en un loop que dejaba poco lugar a los momentos que me resultaban más gratificantes en la vida.


Ese loop sería algo así:



Me sentía cómodamente incómodo. Tenía que haber algo más que esto. Tenía que poder encontrar un mejor balance de alguna forma que me permita vivir una vida más plena.

Luego de un par de crisis existenciales fuertes, decidí dar un volantazo inesperado, renunciar a mi trabajo, vender todas mis cosas y venirme a Berlin sólo en un vuelo de ida con tan solo una valija.

Lejos de liberarme de las trampas de mi mente, al llegar a Berlin, el tiempo libre con el que contaba se transformó en mi ejercicio menos favorito:

Overthinking.



Tardes enteras dedicadas a pensar. Pensar mi carrera, pensar mi vida, pensar mis vínculos afectivos, pensarlo TODO. Hasta lo que uno jamás se detiene a pensar.

Y creía que estaba bien eso, que era lo que necesitaba hacer, después de todo este no era uno de esos viajes de escape de la realidad, ni unas vacaciones, ni formar mi vida en otro continente, era un viaje con un propósito muy claro: encontrar un mejor balance en mi vida.

Todo esto se empezó a traducir en las trampas más complejas que podía llegar a construir. Que no quería volver nunca más a una oficina, que quería transformarme en un nómade digital, que tal vez hacer la gran Into The Wild y vivir en la naturaleza podía ser una buena idea, que quería armar una empresa, que tal vez lo mío sea cocinar o tal vez hacer café.

La diversidad de ideas no me dejaban en paz un segundo. Empecé a probar de meditar, de volver a tocar la guitarra, leer libros, etc, etc, etc… Pero siempre terminaba volviendo al maldito overthinking.

Todo se empezó a complicar cuando luego de 2 meses de pensar mucho y hacer poco en Berlin los números en mi cuenta bancaria empezaban a dejar de estar de mi lado.

No fue hasta llegar al punto extremo de una tarde estar en la calle sin saber donde dormir que no accioné con verdadero ímpetu. Me desesperé, agarré mi laptop y envié mil mensajes en distintos grupos de Facebook de alquileres de departamentos. En cuestión de un par de horas, estaba mudado finalmente en mi propio lugar y lleno de gratificación de finalmente hacer algo de progreso real en la ciudad.

Como dijo un viejito sabio hace bastante en una galaxia muy lejana…




Había redescubierto algo, el hecho de accionar sin pensar mucho tenía mucho más valor que cualquier tarde de overthinking. Empecé a sentirme nuevamente súper motivado para accionar en mis proyectos.


Me acordé que el año pasado había leído algo respecto al accionar, la inspiración y la motivación en “The Subtle Art of not Giving a Fuck” donde Mark Manson, el autor, desafía la idea de que primero debemos inspirarnos para luego motivarnos y terminar accionando. El dice que el hecho de accionar en cualquier aspecto nos pone en movimiento y da lugar para que nos inspiremos, para luego motivarnos y accionar sobre lo que realmente deseamos.



“Action isn’t just the effect motivation but also the cause of it.”
("La acción no es solo la motivación del efecto sino también la causa".) 
— Mark Manson



Sin pensarlo mucho y rompiendo muchos prejuicios, empecé a trabajar en limpieza. Me inscribí en Helpling como limpiador y a los pocos días estaba empezando a hacer mis primeros euros.






Ya no importaba que trabajo había hecho en el pasado, sólo importaba el presente. Mantenerme en movimiento tal como el gráfico de arriba lo muestra, me mantiene inspirado. Empecé a accionar también en mis proyectos que mas me apasionan y estaban totalmente parados de tanto pensar.

Sin entrar en mucho detalle, limpiar casas en Berlin paga muy bien, no te quema el cerebro y hasta puedo estar escuchando un Podcast mientras limpio o un audio libro. Y honestamente, nunca fui el mejor manteniendo mi departamento y esto es sin dudas una gran oportunidad para mejorar en ese aspecto.

Encontrar el valor en lo que estemos haciendo depende pura y exclusivamente de cada uno. Ya no creo que el progreso profesional sea escalar en lo que el sistema o el mercado propone sino encontrar mi propio progreso personal.

Difícilmente me pase todo mi tiempo en Berlin limpiando casas porque extraño trabajar en equipo en entornos creativos. Pero arrancando desde lo que consideré alguna vez “bien de abajo” me siento cómodo para no descartar más ninguna opción ni casarme con ninguna otra.

Pienso que este viaje que empezó como una búsqueda de un propósito específico tal vez se trate de todo lo contrario, de aprender a fluir más y esperar lo inesperado vibrando positivamente sin importar que esté haciendo.

Aún queda un largo tramo por encontrar el mejor balance para mi vida y una rutina que me funcione. Pero el simple hecho de estar tomando las riendas de mi vida y estar abriendo mi propio camino genera una sensación de empoderamiento que me resulta difícil encontrarle limites.

Saber que la única lucha verdadera es, fue y será siempre la misma: No caer en las trampas que me tiende mi propia mente.

Y aprender a tener presente una sola cosa siempre:

It’s ok to change your mind.



@vosmagazine | por Luciano Schuller




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