Header Ads


10 formas de salir del closet según el cine

Los tiempos donde decir "soy gay" han cambiado. Décadas  han transcurrido y en su pasar la homosexualidad ha pasado de ser un tabú a un hecho de afrontar los viejos paradigmas que aún se aferran, incluso dentro de sus propios féretros.

Pese a todo lo que implica, asumir la responsabilidad de una sexualidad - que fácil la tienen los heterosexuales - salir del "closet" seguirá siendo un asunto de que no dejará dormir a mas de uno(a). 

El facto más determinante es la familia y la presión social, dependiendo del país en que te encuentres. Pero existen ejemplos de cómo hacerlo, para ello el cine ha sido un aliado en la difusión de historias conmovedoras y demoliendo prejuicios desde hace medio siglo. 

Algunos gays y lesbianas  del mundo del cine, han puesto un pie adelante para animar a la juventud de afrontar a la homofobia, la productora Pixar por ejemplo ha sido una aliada. Incluso heterosexuales como Sean Connery ha demostrado a través de la cinematografía que volverse gay no es un delito. 

Por ello aquí 10 ejemplos donde el cine, demuestra el cómo salir del armario y no "morir" en el intento. 



Gastronómica



El banquete de boda (Ang Lee, 1993)

Cuando la presión familiar es grande, y la desesperación abunda, una fórmula para escamotear tus preferencias a la familia es el llamado ‘matrimonio blanco’. O sea, persuadir a una persona del sexo opuesto para que se case contigo, y así guardar las apariencias. En la vida real, este recurso suele producir malos rollos a granel, pero el autor de Sentido y sensibilidad optó por usarlo como pretexto para una comedia desmadrada y multicultural, repleta de platos sabrosos. No vayas a verla con hambre.

Grecorromana


Espartaco (Stanley Kubrick, 1960)


Tras décadas de censura, esta escena nos dejó boquiabierto cuando por fin pudimos verla. Porque, aunque el maestro del Bronx la rodase desde lejos y con mucha metáfora, las intenciones que en ella albergaba el patricio Laurence Olivierpara con Tony Curtis estaban claras como el agua de la bañera. Aunque el esclavo salga corriendo (en busca, todo hay que decirlo, de Kirk Douglas y su hoyuelo en la barbilla), Olivier lleva parte de razón: no hay nada intrínsecamente malo en que a uno le gusten los caracoles.


Adúltera


Segunda piel (Gerardo Vera, 1999)


Trágica, triste y (admitámoslo) algo sobrada de moralina, esta película nos mostró a Jordi Mollá habitando un armario de tres cuerpos: el suyo, el de su esposa Ariadna Gil y el de un Javier Bardem que se lo lleva al río, demoliendo su mundo en el proceso. Al guión de Ángeles González Sinde le falta algo de júbilo para compensar, pero sus intenciones quedan muy claras. Tal vez demasiado.
Criminal

Lazos ardientes (Andy y Larry Wachowski, 1996)

A veces, uno no es consciente de por donde van los tiros hasta que llega a cierta edad. Tal es el caso, en esta película, de Jennifer Tilly. La pobre está de lo más instalada en su matrimonio con un gangster (Joe Pantoliano), cuando una ex convicta con tantas curvas como rudeza (Gina Gershon) le demuestra por la práctica que lo suyo son las chicas. Siempre detallista, el tándem de directores se agenció los servicios de una sexóloga para coreografiar las escenas calientes.


Circunstancial



Salir del armario (Francis Veber, 2001)

Para algunos, sólo hay una cosa más terrible que admitir los propios impulsos: un ERE. Amenazado con un despido fulminante, el pobre Daniel Auteuil (heterosexual dentro y fuera de la pantalla) se hace pasar por gay para así alegar discriminación en caso de despido. La cosa funciona, pero el más homófobo de sus compañeros de oficina (Gérard Depardieu) se toma muy a pecho la falsa revelación. Tal vez demasiado.

Familiar


Una jaula de grillos (Mike Nichols, 1997)

Al igual que el gran Ugo Tognazzi en La jaula de las locas (1978), Robin Williams tiene un problema: su hijo (es una larga historia) quiere presentarle a los padres de su novia. Lo cual no sería un problema, si no fuese porque el consuegro (Gene Hackman) es un político muy ultramontano, y tanto Williams como su pareja drag queen Nathan Lane tienen más pluma que una almohada antigua. Al director de El graduado le falló el pulso con este filme, pero el original sigue siendo un clásico de la comedia de enredo.


Proletaria





Beautiful Thing (Hettie McDonald, 1993)


Si declararte como gay en una familia de clase media es a veces un follón, imagínate en un council home inglés de los de toda la vida, con sus hooligans y sus madres adolescentes. Tras recibir una paliza doméstica, el joven marginal Scott Neal acude a refugiarse en casa de un compa de clase (Scott Neal) y acaba recibiendo amor de sobra tras un masaje con body milk. Atrevida y encantadora, esta película rompió esquemas.

Macarra


Mi hermosa lavandería (Stephen Frears, 1985)

Al verle en este filme, rodeado de skinheads y con ese tinte criminal, uno piensa que es mejor cambiar de acera al encontrarse con Daniel Day-Lewis. Craso error: es el propio Day-Lewis quien está deseando cambiar de acera, cosa que hará sin pensárselo dos veces cuando el pakistaní Gordon Warnecke le salga al paso. El autor de Las amistades peligrosas y el guionista Hanif Kureishi cocinan una fábula jabonosa y anti-Thatcher.


Mutante





X-Men 2 (Bryan Singer, 2003)

En los 70 y los 80, los tebeos de los X-Men eran una anomalía en el cómic de superhéroes: una buen número de sus lectores eran mujeres y/o gays. Este espíritu siguió vivo en sus adaptaciones al cine, culminando en esta escena. Porque, aunque el Hombre de Hielo (Shawn Ashmore) se derrita por una Anna Paquin intocable, ese“¿Has pensado en dejar de ser mutante?” que le dedica su madre se parece demasiado a demasiadas cosas: todos captamos la referencia.

Precoz

Trevor (Peggy Rajski, 1994)


Es posible que este cortometraje, ganador del Oscar y galardonado en Sundance, no te suene. Pero harías bien en informarte sobre él, por dos razones: la primera, que es tan breve como divertido, mostrando con humor las tribulaciones de un treceañero ante los primeros indicios de ‘diferencia’. La segunda, porque sirvió para bautizar a The Trevor Project, un servicio de asesoramiento a jóvenes gays que lleva en activo desde 1998.


| @vosmagazine | Con información de Cinemanía | 



Con tecnología de Blogger.